domingo, 18 de mayo de 2025

El saltamontes mensajero. Cuento #20

 El saltamontes mensajero.


EI saltamontes se sentía muy desgraciado a causa de su peculiar forma de andar. Lo hacía a grandes saltos y, debido a ello, no podía pasear con sus amigos por el bosque con la debida normalidad, charlando tranquilamente. Fácil es de comprender su tristeza y pesar, puesto que el inconveniente no tenía remedio: había nacido así.

Nuestro saltamontes se pasaba días enteros sin querer ver a nadie, tal era la congoja que sentía. Apenas comía y evitaba salir al bosque. Sentía un complejo enorme por sus andares, cosa absurda, ya que la Naturaleza no hace las cosas a tontas y a locas, pero cualquiera le convencía de eso!

Los hechos, sin embargo, vinieron a resolver la situación. El rey de su comunidad declaró la guerra a los habitantes del territorio vecino y él fue encargado por su soberano de observarlos movimientos del enemigo, para después informarle personalmente sobre los mismos.

Entonces se pusieron de manifiesto las grandes dotes de nuestro saltamontes.

Con sus prodigiosos saltos era capaz de mía y franquear cualquier obstáculo y de encaramarse al lugar más propicio para observar el panorama que se extendía mas allá. No tardó en convertirse en el vigía favorito de su reino y, gracias a sus inestimables servicios, la victoria sonrió a sus amigos.

Desde entonces, el saltamontes dejó de preocuparse por su «defecto», ya que no era tal. Simplemente, andaba de forma distinta a la de sus amigos.




Las hormigas bondadosas. Cuento #19

 Las hormigas bondadosas.


Numerosas hormigas pasaban el duro y frio invierno en una cálida y acogedora casa y en ella descansaban por la noche junto a la lumbre.

Escucharon unos leves golpes en la puerta, se apresuraron a abrir y descubrieron a Cigarrita desmayada sobre la nieve, Rápidamente la invitaron a entrar.

Con el calor de la lumbre, Cigarrita fue entrando en calor.

—No te preocupes Cigarrita. Estás en mi refugio —la tranquilizó Hormiguita muy sonriente.

Cigarrita, avergonzada de su pasada conducta, prometió cambiar de vida. Entre tanto,

¿Qué podía hacer para corresponder a los cuidados de sus anfitrionas?

-Bastará con que te encargues de hacer la comida y de barrer el hormiguero —le dijo

Hormiguita, satisfecha y contenta por el cambio observado en su vieja amiga.

Cigarrita, muy emprendedora, fue desde ese momento una estupenda servidora del hormiguero. Ayudaba a sus amigas a recolectar alimentos e incluso las llevaba sobre sus alas si recorrían grandes distancias.

¡Ah! También supo amenizar las veladas ante la lumbre con su alegría y sus canciones.




El honrado recogedor de pelotas. Cuento #18

 El honrado recogedor de pelotas.


Don Cerdo y Don Gallo solían jugar juntos de tenis. Para recoger las pelotas que se salían de la pista contrataron a Macaco, que era un gran aficionado al tenis. Una tarde, Macaco tuvo que buscar una pelota que don Gallo había lanzado muy lejos y tardó en volver. Al terminar el partido, don Cerdo comprobó que alguien le había robado la cartera que había dejado en el vestuario. Don Gallo acusó a Macaco de haberla robado aprovechando que iba a buscar la pelota. Macaco fue encerrado en la cárcel.

Pero Chimpancín, amigo íntimo de Macaco, que estaba viendo el partido, había visto a don Gallo ir al vestuario y robar la cartera de don Cerdo, y contó lo sucedido a la policía Así, a Macaco le pusieron en libertad, y don Gallo fue a la cárcel desde donde chora ve cómo don Galla juega: con Macaco, y Chimpancín recoge las pelotas.




Chim-Pan en el cine. Cuento #17

 Chim-Pan en el cine


Todos  los sábados, Chim-Pan pedía dinero a su padre para ir al cine. Allí, mientras comía todo tipo de chucherías, se pasaba la tarde viendo películas de aventuras.

Lleno de fantasía, se creía el protagonista de todas ellas: salvaba náufragos, rescataba niños de peligros, ponía en fuga a atracadores, conducía caravanas por el desierto, ayudaba a viudas y ancianos... ¡Qué bien lo pasaba!

Nada más salir del cine, Chim-Pan regresaba a casa muy contento y mientras cenaba contaba a sus padres las películas que había visto. Después se acostaba y así, al día siguiente, estaba descansado.




El señor ciempiés. Cuento #16

 El señor ciempiés.


Al señor Ciempiés le daba mucha pereza calzarse todas las mañanas, pues tardaba mucho tiempo en ponerse uno a uno cien zapatos. Sin embargo, un día le invitaron a una fiesta y tenía que ir calzado.

Se fue a la zapatería de don Escarabajo para comprar cincuenta pares de zapatos y le pidió los cincuenta pares, todos iguales en talla, color y di-seño. ¡qué problema tan grande para el señor Escarabajo!

Éste se puso a revolver la tienda, de arriba a abajo, y al fin pudo reunir cincuenta pares de la misma talla, aunque eran de diferente color.

Tras mucho cavilar buscando una solución, el señor Escarabajo le propuso pintarlos todos de negro.

Al no ver otra solución para su problema, el señor Ciempiés aceptó. Finalmente fue a la fiesta, y causó sensación entre los asistentes. No solo por tener tantos pies, sino por haberlos podido calzar todos con tan bonitos y relucientes zapatos.




El pequeño tigre. Cuento #15

 El pequeño tigre


Doña Tigresa intentó llevar a Tigrín al colegio y el pequeño organizó un escándalo enorme. Muy preocupada, consultó el problema con su amiga doña Zorra.

—Yo lo arreglo —dijo ésta muy resuelta-. Mañana, a la hora de ir al colegio lo dejas jugando delante de casa. Del resto me encargo yo.

A la mañana siguiente Tigrín se quedó jugando tranquilamente en el jardín. Creía que ya nunca más volvería a la odiada escuela. Doña Zorra, disfrazada de bruja, se echó sobre él y lo metió en un saco.

—Conque no quieres ir al colegio como tus hermanos, ¿eh? ¡Pues voy a comerte!

—¡No, por favor, doña Bruja, no me coma! Yo le prometo que desde mañana iré solito a clase, sin que nadie me obligue —imploró, de rodillas, Tigrín con gesto de espanto.

Y desde el día siguiente, Tigrín iba a la escuela antes que los demás, sin que nadie le acompañara.




Las dos arañas. Cuento #14

 Las dos arañas.


Dos arañas llegaron a un jardín al mismo tiempo. Empezaron a discutir sobre cuál de ellas tenía derecho a quedarse allí. Un pajarillo, que había estado atento a la disputa, intervino y les aconsejó:

-Lo mejor es que hagáis cada una vuestra propia tela de araña. La que consiga atrapar más bichos se quedará en el jardín.

Y las arañas se pusieron manos a la obra.

La primera de ellas hacía su tela a toda prisa pero sin fijarse en los detalles y de mala manera. Su compañera trabajaba con calma y hacía una red más pequeña, pero muy densa y resistente. Mientras que la primera terminó enseguida y se burlaba de su rival, ésta no hacía caso y seguía concentrada en su trabajo.

Cuando acabaron sus telas dejaron pasar un tiempo y fueron a ver cuántos bichos habían atrapado. En la primera tela sólo habían caído dos animalitos muy pequeños. En la segunda, catorce. La araña paciente y tranquila había triunfado y podía quedarse en el jardín. La otra, cansada y triste, se alejó de su rival. Comprendía que tenía que haber trabajado con más cuidado y calma. Al menos había aprendido la lección.




El tigre dibujante. Cuento #13

 El tigre dibujante.


Había un tigre que se pasaba todo el día haciendo garabatos aquí y allá. Lo malo es que en el colegio, mientras su protesor explicaba la lección, él no se interesaba por otra cosa que no fuera el dibujo.

Enseguida llegaron las malas notas y el enfado del profesor, quien habló con los padres sobre lo poco estudioso que era.

-Sé que te gusta dibujar, pero lo primero es que apruebes el curso. Si lo haces, podrás ir a una academia de dibujo

-dijo papá Tigre, sin enfadarse con su hijo.

Éste comprendió que debía obedecer a sus padres en todo lo que le dijesen.

Por supuesto, el tigre dibujante aprobó y su padre cumplió la promesa.

Cuentan que nuestro tigre se ha convertido en un pintor muy famoso.




La ballena alegre. Cuento #12

 La ballena alegre.


La ballena es el animal más grande del planeta y, por joven que sea, como en el caso de Ballenita, puede causar serios disgustos entre las personas.

El caso es que a Ballenita le gustaba mucho saltar y jugar cerca de la costa. Le encantaba divertirse, pero los demás animales marinos se burlaban de ella, así que Ballenita casi siempre jugaba sola.

Lo que más le divertía era dar grandes saltos, pero con sus brincos acuáticos causaba grandes problemas a los pescadores.

Las olas que levantaba habían hecho zozobrar a más de una barca de pesca.

-Ballenita, mucho me alegra que te sientas tan feliz y juguetona, pero haces que se  hundan las barcas de los pescadores —le dijo el simpático Delfín.

-¡Cuánto lo siento, amigo Delfín! -ex-clamó Ballenita sinceramente arrepentida-.

Dime, ¿Qué puedo hacer para remediar el mal que he ocasionado?

—Bastará con que juegues y saltes mar adentro, lejos de la costa y de las personas

—le aconsejó Delfín.

Ballenita, deseosa de no hacer daño a los demás, se adentró en el mar y desde ese día terminaron las desgracias de los pescadores.

Ballenita pudo seguir alegrando a su manera las soledades marinas.




El gato tramposo. Cuento #11

 El gato tramposo.


Don Oso estaba desesperado porque los ratones se comían toda la comida que guardaba en su despensa y ya no sabía que podía hacer para solucionarlo.

Un buen día pasó por allí don Gato, que era muy espabilado, y le propuso darle de comer a cambio de exterminar a los ratones.

Pero esto no satisfizo a don Gato, que prefirió hacer un pacto con los ratones. Estos podrían seguir saqueando las provisiones de don Oso a cambio de que le dieran los alimentos más sabrosos. Los ratones aceptaron y don Gato se dio la gran vida.

Harto ya de tanto saqueo, don Oso contrató a un enorme perrazo, que dio buena cuenta de los ratones y de don Gato en un abrir y cerrar de ojos.

¡Ah, si don Gato se hubiese conformado con lo que le ofrecía don Oso!.







El conductor imprudente. Cuento #10.

 El conductor imprudente.


Zorrín tenía unos padres millonarios que un día le regalaron un coche deportivo.

A Zorrín le gustaba conducir su coche nuevo a toda velocidad y no respetar las señales de tráfico. Por eso, se saltaba los stop, adelantaba en las curvas y no hacía caso de los semáforos. La verdad es que Zorrín era tan imprudente que suponía un serio peligro para los demás automovilistas.

Sin embargo, Zorrín no quería aprender a conducir bien ni respetar las señales. Aunque le multaban frecuentemente, le daba lo mismo pues su padre siempre pagaba las multas y casi nunca le castigaba.

Un día este conductor temerario recibió su merecido. Mientras conducía se quedó mirando a una zorrita que cruzaba la calle. Era muy bella y su andar le embelesó tanto que se despistó. Como conducía muy deprisa, no tuvo tiempo de reaccionar y se estrelló contra un árbol. En el accidente Zorrín se rompió varios huesos y tuvo que estar incapacitado durante mucho tiempo. Por supuesto, el coche quedó destrozado para el impacto.

—No pienso comprarte otro coche, Zorrín.

Ya has demostrado que no eres responsable conduciendo —le dijo su padre muy enfadado.

Suponemos que Zorrín habrá comprendido que no siempre puede hacer uno lo que le apetece. Hay que respetar las señales para no provocar desgracias ajenas ni propias.




Bongo y Lulabela. Cuento #9

 Bongo y Lulabela.


Bongo se había escapado del circo donde trabajaba. Corrió durante mucho tiempo hasta sentirse completamente a salvo. Fue recibido por sus amigos con entusiasmo y se celebró una gran fiesta en su honor. ¡Qué alegría estar con los suyos! Sin embargo, aquella noche tuvo que dormir sobre la hierba mojada por la lluvia y añoraba la paja seca de la jaula del circo.

—Bienvenido a tu hogar, Bongo. Soy Lulabella, el hada del bosque. Al principio te costará acostumbrarte a esta vida, pero puedes lograrlo. ¿No dices nada? ¡Hasta la vista, Bongo! Si me necesitas, llámame.

Bongo se acostumbró a su nueva vida. Se sintió protegido por su hada madrina y al fin está contento era el lugar que siempre quiso encontrar y tenia nuevos amigos con los que convivía y lo comprendían.




Bongo. Cuento #8

 Bongo.


Bongo era un ocioso. Intranquilo y muy gracioso. Trabajaba como acróbata en un circo ambulante y, sin duda, era la estrella de la compañía..

¡Qué bonito era ver cómo se encendían los focos brillantes del circo!

Bongo hacía equilibrios sobre la cuerda floja en lo alto de la carpa. ¡Cómo le aplaudían todos! Era como un sueño hecho realidad.

Después de su artístico trabajo, cada tarde Bongo era encerrado de nuevo en la jaula que le servía de vivienda.

Un día, viajaban en tren y Bongo contemplaba el bosque con el hocico pegado a los barrotes de su jaula.

De repente, obedeciendo a un impulso, rompió los delgados barrotes y, sin vacilar, saltó desde el tren. Al fin había escapado.

¡Bongo, bienvenido a la libertad!.




Un lobo conductor. Cuento #7

 Un lobo conductor.


Nunca estamos contentos con lo que tenemos. Tenemos, el ejemplo de don Lobo, un conductor de autobuses a quien no le gustaba su oficio ni pizca. ¿Resultado? Don Lobo se pasaba buena parte del trayecto chillando y protestando por cosas sin importancia. Hacía pagar a los usuarios su malhumor.

-¡Venga, a ver si suben ustedes de una vez! ¿Es que están dormidos o qué? Ay, señor, menudo oficio el mío!

Naturalmente, los pasajeros se desconcertaban ante la conducta de don Lobo, quien, al final del trayecto, tenía por costumbre tomarse un descanso más largo de lo habitual.

A veces llegaba a pasarse media hora recostado sobre un árbol que estaba junto a la parada, lo que representaba una gran pérdida de tiempo para centenares de animales que iban a trabajar con la hora pegada al lomo y acababan llegando tarde.

Numerosas protestas contra don Lobo se recibieron en la empresa propietaria de la línea de autobuses. El irritable conductor fue amonestado en varias ocasiones, pero, como no hacía el menor caso, finalmente fue relevado de su puesto.

El Ayuntamiento, a cuya plantilla pertenecía don Lobo, dedicó a éste a las tareas de barrendero.

Don Lobo notó el cambio. Por vez primera comprendía que hay oficios más desagradecidos que el de conducir autobuses.

-¡Oh, qué pesadilla! ¡He perdido mi antiguo empleo! ¡Si pudiera volver a sentarme en ese cómodo sillón del autobús y seguir conduciendo...! -se lamentaba don Lobo.

Era demasiado tarde para arrepentirse.

Por fortuna, don Lobo pudo obtener otro empleo conduciendo un autobús y ya nunca más volvió a protestar contra su oficio de conductor. ¿Qué hace ahora? Bueno, me han dicho el otro día que conduce microbuses. Si vieseis con qué alegría lo trabaja!.




El pequeño gorrión. Cuento #6

 El pequeño gorrión.


Un grupo de pájaros andaba revoloteando sin saber qué hacer. Por fin, un gorrión propuso jugar al escondite.

Mientras un canario contaba con los ojos cerrados, sus amigos se escondieron. El gorrión conocía un sitio donde seguro que nadie lo encontraría. Allí se refugió, pero no podía oír las voces de los demás que le llamaban porque se acercaba una tormenta.

Cuando ya el gorrión, extrañado por la tardanza de sus compañeros, salió del escondite vio aterrado que la lluvia era tan fuerte que no podía alejarse de allí. El pequeño gorrión tuvo que pasar la noche solo.

«No debo tener miedo», se decía a sí mismo para darse ánimos. «Debo valerme por mí mismo y saber esperar.»

Cuando amaneció, dejó de llover y apareció el sol sobre el horizonte. El pequeño gorrión se había convertido en un ser fuerte y seguro de sí mismo.




Un conejito comilón. Cuento #5

 Un conejito comilón.


Una familia de conejos los vivía en pleno bosque, rodeados de árboles. Estaba formada por un feliz matrimonio y tres hijitos. Estos se llamaban, respectivamente: Tap, Tep y Tip.

El más pequeño de los tres, Tip, tenía fama de comilón en la vecindad.

Acostumbraba a irse de casa por la mañana temprano y volvía cuando ya era de noche. Sus padres estaban muy preocupados por él.

—No es bueno que estés tanto tiempo por ahí, Tip. Hay muchos peligros fuera —le decía su madre.

Pero Tip no hacía caso y seguía haciendo lo que le apetecía, desobedeciendo los consejos de sus padres. Un día regresó antes de lo normal. No se sentía bien. El médico dijo que sufría una indigestión. Por fin, Tip se decidió a contar lo ocurrido.

—Me metí en un huerto fuera del bosque y... me comí un saco lleno de zanahorias —dijo

con voz temblorosa temiendo una regañada

¡Un saco lleno de zanahorias! Sus padres se quedaron estupefactos, pues

temían lo que podía ocurrir. Efectivamente, no tardó en presentarse el dueño del huerto exigiendo que le pagasen las zanahorias que le habían quitado.

—No se preocupe —le prometió papá Conejo—. Mi hijo Tip trabajará hasta que la deuda quede completamente satisfecha.

Tip comprendió que ser comilón no le traía ningún beneficio y empezó a trabajar y a no ser glotón.




Todos desean lo que no tienen. cuento #4

 Todos desean lo que no tienen. 


Había un ratón de campo que se aburría de lo lindo: Estaba harto de comer siempre frutas, verduras, nueces y demás alimentos típicos del entorno en que vivía.

Como tenía cierta cultura, pues le encantaba leer libros, sabía que en la ciudad se vivía de un modo más variado y divertido. Había leído que allí abundaban las golosinas, los refrescos, los pescados suculentos y otras delicias.

Sin dudarlo, resolvió dejar el campo e irse a la ciudad. Allí su vida podría tomar nuevos rumbos y podría vivir mucho mejor.

A mitad de camino se encontró con un primo suyo que vivía en la ciudad. Extrañado de verle allí, le preguntó:

-¿Adónde vas por aquí, querido primo?

-¡Uf! ¡No me hables! —le respondió éste con gesto cansado-. Me voy de la ciudad! Estoy harto de la contaminación, del ruido, del tráfico y de la comida de allí. Me estoy volviendo loco. No lo soporto, así que me voy a vivir al campo, donde todo es tranquilidad y aire puro.

Naturalmente, cada cual siguió su camino, en direcciones opuestas.

Ninguno pudo convencer al otro de su idea. Como ven, nadie está contento con su suerte.






El cangrejo rojo. #3

 El cangrejo rojo.


Don Cangrejo vivía en las rocas junto al mar. Cuando la marea estaba baja se enterraba en la arena y cuando estaba alta se escondía en las rocas.

Un día le sorprendió la marea baja al descubierto y fue a esconderse rápidamente a una roca donde había una estrella de mar.

-¡Fuera de aquí! ¿Por qué huyes? Eres pequeño y feo. Además, fíjate, tienes un color verde muy raro... —le grita la estrella.

-Antes era de color rojo. Un pez rojo me comió y poco a poco fui cogiendo su color.

Un día el pez cogió un resfriado y en uno de sus estornudos me expulsó por su boca -explicó el cangrejo triste por cómo le hablaba.

—¿Y cómo es que no tienes ese color rojo que dices? —preguntó la estrella llena de curiosidad.

-Pues... porque estoy un poco acatarrado... —repuso el cangrejo muy nervioso.

—Eso es un cuento chino. ¡Vete de aquí, cangrejo mentiroso! -exclamó ella enfurecida, pues no le gustaba que la mintieran.

El cangrejo se alejó. Durante la charla, había ganado tiempo, la marea había subido y ya podía ir a cualquier roca sin peligro.




El tigrito que se comía las uñas. Cuento #2

 El tigrito que se comía las uñas.


Erase una vez un tigrito muy travieso que is tenia la costumbre de morderse las unas.

Su madre le regañaba todos los días.

-Deberías observar a tus amiguitos.

Ellos tienen las uñas largas y lustrosas, pueden defenderse con ellas. Tú, en cambio...

Pero Tigrito no hacía caso y seguía mordiéndoselas aunque estuviese mal.

Un día que estaba jugando con sus amigos, todos se subieron a un ár-bol, pero él no pudo seguirlos porque sus uñas, al ser tan cortitas.

resbalaban por el tronco.

-iOh, no puedo agarrarme al tronco de este árbol!

iSi tuviera las uñas largas como ellos sería ñas.

más fácil! Así es imposible.

Sus amigos le llamaban desde arriba. Pero el tigrito, avergonzado, se escondió detrás de un matorral y no volvió a morderse las uñas.




El cumpleaños de Minino. Cuento #1

 El cumpleaños de Minino.


Hoy Minino cumple tres años, ya es un gato mayor. Esta muy contento e invita a sus amigos a una fiesta en su casa. La mama ha hecho un pastel para la ocasión el cual contiene tres velas las cuales Minino tiene que apagar a la vez que pide un deseo.

Minino sopla con todas sus fuerzas, pero solo logra apagar una, entonces su amigo Osote sopla las velas para ayudar, pero soplo con tanta fuerza que además de apagar las velas, hace que el pastel vuele por los aires y caiga sobre la cabeza de Minino. Todos lo tomaron con gracia y rieron, y su mama preparo otro pastel.











El saltamontes mensajero. Cuento #20

  El saltamontes mensajero. EI saltamontes se sentía muy desgraciado a causa de su peculiar forma de andar. Lo hacía a grandes saltos y, deb...